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LAS IDEAS SINCRONIZADAS DE ZANCUDO II

Viene del post anterior.

A la mañana siguiente se levanta y tiene todo bien servido, archivado y organizado.
Aún no lo ha patentado, pero está en ello. Antes quiere pulir algunos "errores fatales". Hace una semana sufrió un percance que aún sigue analizando. En mitad de un sueño se le coló una pesadilla que en teoría debía haber sido discriminada por el sistema... pero no fue así. Descubrió en el mismo momento que su invento descodifica los sueños accidentalmente; se vio a sí mismo en fotmato Quicktime matando a Rómulo Móstoles (su boli Bic de peluche y yo artístico-infantil).

Acaba de llamarme. Me cuenta que está todo arreglado y además ha logrado "acabar con los sueños". Asegura que indirectamente ha dado con un software emocional que dona (y traspasa inmediatamente) sueños y pesadillas a la Asociación de Derechos Sonámbulos. De momento ha obtenido cuatro carpetas de unos 100 gigas de ocurrencias y 1 giga de genialidades. Lo irá equilibrando... Al parecer al peso se venden bien. Y ya tiene comprador - mecenas llamando a su puerta. Esto no me lo ha dicho, lo he soñado. Se llama Genaro Encriptado Docente.
¿FIN?

Comentarios

Juana ha dicho que…
Me muevo por los sueños como "Juan por su casa", los sueños son mi mundo real, voy de acá para allá como un virus que se moviese sin control, indetectable, indefinible, eso sí, no causo ningún daño, soy solo presencia, si quieres cuando sueñes, me puedes llamar .... prometo aparecer y marcharme ¿sin dejar rastro? No estoy segura jajajaja

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

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