Ir al contenido principal

EL HOMBRE QUE SUSURRA A LOS BERBERECHOS III

Anteriormente: Capítulo 1 /Cap.2

Duldián Desconocido es muy reservado, pero llegó a un pacto con Marcial Razondeser y Pardo Reverso. Algunos de los detalles los conoce Domingo Forzado, un periodista que -de tapadillo- me informa de todo lo que pasa en la extraña comunidad que "custodia" Joaquinete Simpatía; y gracias al cuál estáis conociendo esta historia -casi- a tiempo real. Aún tiene que atar algunos cabos, pero sé que dentro de poco os podré contar desenlace de este extraño caso...

Duldián tiene mucho que decir, pero no suelta prenda. Marcial y Pardo son uno, en cierto sentido, pero dos en la distinta dirección. No coinciden; a uno le gusta salir dentro y al otro dejar sus pepinillos de Bruselas sobre la mesilla de noche, antes de acostarse cada mañana. Ese día, se reunieron los tres en casa de Joaquinete y sellaron un pacto. Ellos, como uno, susurraron al berberecho introspectivo con virtudes intelectuales. Duldián nunca había hecho terapia y ellos le removieron tanto, que abrieron su interior en canal. Los demás moluscos volvieron a cantar como ruiseñores.

Desde la final (Italia - Alemania) del Mundial de Naranjito Marcial y Pardo no se veían las caras. ¿Por qué? En breve tendré todos los detalles. Pero sí os puedo decir que los tres comparten una historia que está a punto de salir a la luz. Domingo ha hablado esta mañana con Joaquinete. Con el pretexto de visitar la granja y a sus berberechos cantores se ha colado en su piso y le ha tirado muchas preguntas. No es la primera vez, de hecho, cuando Joaquinete recurrió a la terapia del susurro no se acordó de que Domingo ya estaba en su piso en ese momento...

Continúa mañana...

Comentarios

Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Dani tío, deja de postearlo ¿Escribe una novela o vende el guión a una peli! La vida del Hombre que susurraba a los Berberechos es Inagotable.
Nos vas a enganchar como a los culebrones!
Dani Seseña ha dicho que…
Ya quede menos, Cyber. Hoy he quedado con Domingo Forzado para que me cuente más cosas, no te creas que está claro el misterio. Salud!
Anónimo ha dicho que…
Pobre Duldián, obligarle a hacer terapia... ¿Y si ahora no se gusta?

isabel
Juana ha dicho que…
Me gusta eso de "la terapia del susurro" ¡qué bonito!

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa