Ir al contenido principal

EL DÍA FELIZ DE GUZMÁN VINILO

Guzmán Vinilo ha sido tremendamente feliz por un día; sí, sólo por uno. El resto del tiempo lo pasa tumbado en un nicho de menosprecio con poco oxígeno. El motivo de su jovialidad es que se encontró un atril cuneiforme con pie art decó en el contenedor más cercano a su casa. Lo agarró, lo admiró durante un buen rato, lo mordió -como Nadal con sus trofeos-, lo abrazó y le pasó la mejilla como si fuera el peluche de su infancia; que se llamaba Poch y era un rinoceronte relleno de fibras sensibles.

Después, con la iluminación de su rostro por bandera, partió a buen ritmo hacia la plaza más cercana, la de Castilla. Colocó el atril en lo más alto, se sacudió la americana que lleva "de siempre" hasta para ir a por el pan de leña, miró al cielo pensando en La menor y cuando estuvo listo (zanjado el tema interno de lo innato y lo adquirido por su tío Hermita en Somalia) se irguió. Una flota de 20 personas se agolparon para atender a lo que Vinilo iba a... 'decir'. El tráfico -trágico en un día con nieve como aquel- se paró en seco. Las monjas dominicas dejaron los dulces y se arrodillaron ante el bueno de Guzmán.

Y él,
que parecía saber en qué momento arrancarse para expresar..., hierático y con la mirada clavada en su interior con el ojo derecho pendiente del cielo protector. De pronto, un turista japonés dijo con acento gallego: ¡Que empieza ya, que úrico se va...! Una racha de viento y un silvido ajeno después... comienza. Se saca una batuta del bolsillo interior, lleno de agujeros rotos, efectúa un histriónico aspaviento y comienza a dirigir la marcha de la Valquiria... fue feliz, tanto que regaló una propina muy especial: la marcha Radetzky. Ni las dominicas ni vinilo han vuelto a ser tan felices.

Salud!

Comentarios

Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
¿Fue Wharhol el que dijo que todo el mundo tiene sus quince minutos de Gloria? Si tiene razón ya los ha gastado parece. pero ¿la tiene?
Anónimo ha dicho que…
¡¡Qué post tan bonito!!. Te hace sonreír todo el tiempo. Ternura y humor, mezcla imprescindible que se te da tan bien, de verdad. Me ha tocado la fibra sensible de la que también estoy rellena cual rinoceronte.
Anónimo ha dicho que…
Quizá a Vinilo se le escapa la felicidad por los agujeros rotos de sus bolsillos.
O, tal vez, sólo sea feliz porque ellos existen.
Ya que por los agujeros rotos, a veces, puede uno escapar a otra dimensión, sin que nadie le vea...y éso es parte de la felicidad...escapar a tu propio lugar
...y acariciar las fibras sensibles de tu infancia
M.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa