Ir al contenido principal

DE PADRE A HIJO: TÍO, NO ME VALES

Situación registrada esta mañana a eso de las 11 horas.

-Es que no sé por qué me hablas, tío
-¿Por qué no vas más despacio, tío?
-Que no me sigas, tío. Paso de ti
-¿De qué vas?
-No, de qué vas tú.

Después de este diálogo, el que he podido presenciar en un margen de visión de unos 5 metros -con giro de cabeza incluido-, el hijo retrasó el paso para situarse junto a su madre; y el padre, siguió andando sin nada que decir.

El pequeño venía de jugar su partido de baloncesto (uniforme naranja con patrocinio de ABC) y parecía no querer ser colega de su padre durante esos metros. El padre, interpreto, se quedó muy confundido y sin saber cómo reaccionar. La madre, pasaba de todo iba mirando escaparates. Y ahí terminó mi capacidad de escucha y mi cuello puso límite al giro de cabeza. Se perdieron por la calle López de Hoyos.

Comentarios

Juana ha dicho que…
Es que hay gente que no se comunica bien ....
Lo que pasa es que me quedo con la intriga de saber como seguía ¡jo!
Dani Seseña ha dicho que…
Yo creo que el padre está ahora mismo preguntándose la pregunta que no es. Y el hijo, respondiendo
Anónimo ha dicho que…
Yo creo que es una conversación cifrada entre un tesorero y su hijo potencialmente corrupto.

Fdo.: Paquito Gürtel desde la trena
Dani Seseña ha dicho que…
Ese sería, Paquito, sin duda un gran documento.
Anónimo ha dicho que…
Yo creo que ahora el padre no sabe a qué atenerse, y el hijo tiene mucho a qué agarrarse para pasar del padre.
Mucho pasado entre los dos, demasiada cercanía en su distancia.
M.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e