Ir al contenido principal

MI MALA LECHE Y YO ¿Y AHORA QUÉ?

Dice que cuando se enfada se convierte en un lobo para el hombre, pero en realidad su mala leche le convierte en un palomo cojo. En un arrastrado, sin capacidad para reptar por los suelos. Él lo sabe; es consciente de su mal humor, pero lo achaca a un mal interior aunque ajeno: su yo infantil con vida propia. Y con este problema ha acudido al cirujano Jacinto, experto en extirpar yoes infantiles del organismo.

Desgraciada o afortunadamente (según se mire) en la misma consulta el doctor Jacinto le dice que lo suyo no es erradicable. La razón es que su yo infantil está demasiado adherido al músculo del yo adulto. Lo que significa que de intervenir, tendría que llevarse mucho tejido adulto. El resultado sería convertirle en una persona con los problemas de siempre pero sin solución. En otras palabras, seguiría con la mala hostia, pero sin la posibilidad de aliviarla con nada.

Solución: un tratamiento salino que consiste en asumir que por ser adulto uno no está libre de ser un retorcido, un caprichoso, un mezquino, un hijoputa, un vividor, un gualtrapa, un malpensao', un niñato, un iluso, un incauto, un insensato... Un tratamiento que ayuda a potenciar el analgésico propio de autosuficiencia y así aprender a administrarlo cuando, como adulto, el paciente estime oportuno.

PD.: ¿Y quién es él, el paciente? Se llama Martín Errata, tiene 47 años y ya es administrador consciente de su propia mala leche. Pero le ha costado. Tanto como saberse niñato en distintos momentos del día y de la vida.

PD2.: La imagen la encontré buscando por "Agrio", que no amargo, y no hay mejor forma, de momento, de ilustrar ese fenómeno humano llamado forzosa autosuficiencia... Y añado, "dualidad cogida con imperdibles". Y casualmente viene de un post titulado: Mirando... mirándome... interiormente.

Comentarios

Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Genial como siempre Seseña. No me vendría mal que me pasaras los datos de ese cirujano jacinto a ver si puede hacer algo con mi mala leche y con el resto de mis traumas infantiles pagados a mi vida adulta.
Dani Seseña ha dicho que…
Cyber, cirujano Jacinto opera sabiendo que su mala hostia es intratable. No hay peor humor, que no tumor, que el rumor de que ese yo infantil es operable. Lo dice el propio Jacinto a los internos... Cada vez que interviene.
Anónimo ha dicho que…
Este post es como la vida misma, lleno de yoes infantiles incurables pero asumibles cada 12 horas durante 3 meses.Ah! se me olvidaba "en ayunas".
Un saludo Seseña
M.
Juana ha dicho que…
Hay un potente medicamento que se llama "autoaceptación" que si se toma con otro "responsabilidad" crece hasta el yo infantil más resistente. Eso sí, es un tratamiento a largo plazo, en realidad para toda la Vida o más .... requiere de océanos de paciencia y dosis masivas de sentido del humor.
Anónimo ha dicho que…
Me gustan estas visitas al médico. Quizás hiperdesarrollando el músculo adulto se pueda conseguir dejar al infantil atrofiado y pequeñito, sin fuerza ya para latir con vida propia. Y lo mejor, de forma reversible por si un día. isa

P.D: ese 'por si un dia' se me ha ido de las manos y habia escrito casi un post, jaja. Lo dejo ahi y punto.
Dani Seseña ha dicho que…
Este post está inspirado en una conversación de Metro entre dos amigos. Uno le decía al otro que estaba harto, no ya de sus enemigos (hablaba de fútbol), sino de sí mismo. Que por mucho que trataba de aceptar sus neuras infantiles sólo pensaba en cómo eliminarlas... aunque fuera por la orina. Entonces, el amigo le preguntó ¿Es que crees que ser adulto implica no ser caprichoso y tirano? Dónde está escrito? El otro se queda en silencio... Terminó ahí mi trayecto y comenzó el post.

Gracias M, Juana e Isa. Vuestros comentarios ayudan a seguir 'operando'. Un beso!
copifate ha dicho que…
En realidad se llama Martín Herrata pero él no lo sabe...
Por mi parte, que voy camino de los 70, aspiro a que la experiencia me ayude a ser el niño que no me dejaron ser...
Dani Seseña ha dicho que…
Bien dicho, Copifate. Ésa es una vuelta de tuerca que seguramente retorcería el bisturí del cirujano Jacinto.
Rubén ha dicho que…
Me parece un post muy inteligente. Pero sobre todo difícil. Yo me quedé a cuadros cuando asumí que el adulto y su madurez no está exento de mala baba y todo lo que apuntas. No fue fácil, pero lo logré. Ahora no me entran sudores fríos cuando sé que caigo mal a alguien.

Rubén
Anónimo ha dicho que…
Bravo! Me voy de cabeza a Jacinto Tenazas.
Anónimo ha dicho que…
Hola Dani:

Me siento identificada. Este fin de semana comí con mi padre y tuve un arranque de mala leche. Luego me fui a la piscina a nadar para ver si se me pasaba. Se me pasó. Pero es que yo no dejo de sorprenderme a mi misma con todas mis contradicciones. Enhorabuena por el post que me ha gustado mucho. Besos.
Nuria Verde
Dani Seseña ha dicho que…
Gracias, Nuria. El tema de las contradicciones propias da para mucho. Aquí está este post como pequeño ejemplo. Y quien esté a salvo de ellas, de las contradicciones, que tire la primera piedra. Son el mejor/peor pero inevitable animal de compañía.

besos

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e