Ir al contenido principal

YO PASO

El siguiente monólogo acaba de tener lugar en algún punto de Barcelona. Me lo envía un anónimo con apellidos, pero que pasa de darme el nombre:

Paso de todo, de las calles cortadas, de las botas colgadas en los cables de la luz. Paso de ti, de tus películas, de que siempre estés hablando de mí y que pases de ti. Paso de arrancar el coche porque yo no termino de arrancar. Paso de que siempre me vendan motos cuando aún no he podido subir a una. Paso de la primavera y sus gramíneas de mierda, de los grados, de las mascarillas. Paso de la cartelera del cine, de la TDT, de los curas pederastas con discursos kafkianos, del surrealismo político... Paso.

Paso de comprar el periódico y corromperme en sus páginas, de comer codillo y salir por peteneras. Paso de que siempre tenga que escuchar las mismas excusas. De taparme los oídos y no dejar de oírme. De dormir por las noches para seguir dormido durante el día. Paso de pasar, paso de no pasar. De seguir sin continúar. De prepararme para vivir cuando estoy al borde de la muerte. Paso de ti.

Comentarios

Jesu ha dicho que…
¡Ti no lleva tilde!
Dani Seseña ha dicho que…
Gracias, Jesu. Se me ha "pasado". Buen ojo!
Anónimo ha dicho que…
Eso de pasar de todo no va conmigo, menos mal, me gusta preocuparme por lo que pasa a mi alrededor...

Un saludo
Anónimo ha dicho que…
"Paso de pasar, paso de no pasar. De seguir sin continúar. De prepararme para vivir cuando estoy al borde de la muerte. Paso de ti".

Interesante!
Anónimo ha dicho que…
Un monólogo parecido querría yo haber soltado ayer pero no me dio tiempo y sí miedo. Siempre hay gente que te pasa por la izquierda, la derecha, por todas partes, vaya. Y cuando finalmente recuperas el habla, ya pasas de decir nada. isa
Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Bueno, todos tenemos un día o una época así. Pero bueno si con tanto pasar acaba como Sabina "pasándolo Bien" pues al final es lo que cuenta.
Anónimo ha dicho que…
Bravo!

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

El verbo y el tren coloquial

Estación de Atocha, Madrid. Enero 2016 Esperaba subirse a un verbo que le llevara lejos. Lejos del último adjetivo que le arrastró hasta el reverso del suelo que pisaba. La mente en blanco y un mapa por recomponer, una geografía por reubicar. La frase de su amiga fue letal. Cada letra iba cargada con verdades que ni él mismo había valorado. Las comas, las pausas, los silencios y lo malditos puntos suspensivos quemaban. Así esperaba ese vehículo redentor. Inquieto, teneroso, tembloroso, entusiasta del desaliento, sabedor de sus miserias, conocedor accidental de las verdades que le dan cuerpo a la mente... ...Y en su maleta tan sólo llevaba un verso contagioso que no escribió. Un texto que recibió por azar de un sueño a través de un diálogo que no sabe cómo empezó pero sí adónde le llevaba.  El murmullo del vagón susurraba desde el fondo del plano. Podía oler el reflejo de su escapada. Imaginaba una huída para empezar, no de cero, pero sí desde un quiebro de sí mismo. Enrai

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...