Ir al contenido principal

EL CORTADOR DE TALONES DE AQUILES

Y tras el calzoncillo hallado fuera de contexto y posteado ayer, me veo en la obligación de reportar un asunto que podría traer cola: El cortador de Talones de Aquiles. Actúa en el súper, el que sea; grande o de barrio, con mendigo en la puerta o sin él, con menaje del hogar u ofertas de bollería veraniega... Nadie le ha visto. Las víctimas de pronto notan un escozor en sus talones, se miran y descubren que están sangrando... o tienen un molesto rasguño, normalmente en el pie izquierdo. Sólo la frutera Rosa Sustancia de Alcampo, vio a un sospechoso hacer "algo extraño" por el suelo... En ocasiones, no hiere sino que se limita a pegar un adhesivo con la cara de Jiménez Losantos también el talón.

Es un caso extraño. Y como el efecto es retardado hace más difícil pillarle en acción. Las preguntas son: ¿Cuál es su objetivo? ¿Qué quiere comunicar a los consumidores con sus actos? ¿Por qué el Talón de Aquiles? ¿Por qué un ligero corte y no un tajo? ¿Por qué indulta a algunos con la cara de Jiménez Losantos? ¿Se ha basado en alguna película? ¿Qué consume en sus ratos libres? ¿En qué trabaja? ¿Cómo decorará su casa?

Recientemente, un consumidor llamado Martínez Trazado llevaba un carrito con poco lustre, casi a juego con su personalidad, una de las ruedas no giraba bien y se agachó para arrancar un precio pegadizo de la rueda tullida. Entonces se encontró al Cortador de Talones de Aquiles frente a él. Sin poder frenar, por el impulso que llevaba y Martínez inmóvil por la sorpresa ante lo que se le venía encima, se produjo la colisión. El resultado: Jiménez Losantos adherido a la boca de Martínez y el Cortador... huído.

Esto no ha hecho más que empezar.
--------------------------------------------------------------------------------

Comentarios

Mercè Estruç Faig Clic ha dicho que…
yo fuí victima hace una semana. por fa pongamos pasquines y vayomos todos a por él
Anónimo ha dicho que…
Esta gente no tiene ratos libres, viven obsesionados, no apasionados, por llevarse prójimo al huerto. Yo elijo la flecha, la pegatina que se la ponga él en...
Ah! y ni idea de cómo decora su casa.
ANÓNIMO DE TOLEDO
Juana ha dicho que…
Esto se ha convertido en una peli de terror, con sangre y todo .... miedito me está dando .... me recuerda a la canción de "terror en el hipermercado, horror en los ultramarinos, mi chica ha desaparecio y nadie sabe como ha sido ¡oh!¡oh!" ¡Yeah!

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa