Ir al contenido principal

SARA MÁGICO

No sé si fue un mito urbano o alguien de verdad travistió a Saramago otorgándole un nuevo atuendo con el nombre de Sara Mago. El caso es que la anécdota me sirve para despedirme desde este espacio bloguero del mágico 'Sara'. Se ha escrito tanto ya sobre él en esas necrológicas articuladas en la prensa, seguramente escritas desde hace tiempo, que poco elogio puedo añadir... Es lo que ocurre con las crónicas de unas muertes más anunciadas que otras.

Pero me centraré en un detalle, el que tuvo Saramago, al sacar de su mente y plasmar en papel esa idea llamada Ensayo sobre la ceguera. Me centraré en este punto de agradecimiento, porque leer aquella obra maestra me abrió los ojos un poco más. Tenía entonces veintitantos y andaba a trompicones (a hostias, vamos) entre confusiones y dudas 'humanoides' de tardío e impetuoso existencialismo. Y fue meterme en su novela, cerrar los ojos y empezar a comprender el caos que llevaba en mi mochila. Él, Don José, me dio una de las primeras pistas...

Por todo ello y sin más dilatación textual: ¡Gracias Maestro! ¡Hasta siempre! Nos vemos en las letras; ya sabes ese espacio - ese intelineado - alejado de elitismos estúpidos y libre de peajes politizados. Ahí están Todos los nombres...

Comentarios

Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Soy un tipo muy desorganizado en eternas vías de solcuión, y Saramago (junto con Coelho) son de esas eternas cuentas pendientes literarias que tengo. Creo que lo solucionaré (un poco tarde) con tu recomendación, a ver si también me ayuda a llevar mi Caos. DEP
isa ha dicho que…
Gran homenaje este que te arranca una sonrisa nada más empezar.
Sara..una de esas personas que me gustaba mucho que estuviera en este mundo.
Pero como dices, siempre nos quedará ese interlineado visible al cerrar los ojos.
Juana ha dicho que…
La verdad solo he leido un libro de él, me pareció "raro" y se lo deje a alguien para que lo adoptara .... supongo que seguirá en su casa.

"Las intermitencias de la muerte" se llama el libro.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e