Ir al contenido principal

¿CON QUIÉN CENAS MAÑANA?

La siguiente conversación nunca ha tenido lugar, sin embargo desde que la escuché no me la quito de la cabeza. Los protagonistas de la misma son Raúl Pordoquier y Luis Disperso.
-Con quién cenas esta noche, la última de la primera década del siglo XXI?
-Con Martínez y con mis padres. ¿Y tú?
-Con mis miedos
-Joder, por fin

-Sí, me ha costado, pero al final pude localizarlos
-¿Cómo?
-Por Facebook, ahí está todo
-Me dejas...
-Ya, de piedra

Raúl Pordoquier, he de matizar, que es un tipo disperso y muy unido a su mejor amigo: Luis. Nunca han pasado la Nochevieja juntos. Quizá ésta deberían celebrarla en una misma mesa. Pero Raúl está de reencuentro con viejos conocidos... de necesaria concesión.

-Fue por pura casualidad, pregunté a unos y me contestaron otros, y a medida que perdía la timidez y abandonaba mi tendencia a no descubrir, los miedos iban llegando. Fui agregándoles como amigos uno a uno...

-En serio? Yo hice lo mismo con Lupita y Teme, mis terrores de juventud, ya sabes...
-Sí que lo eran, te sacaron los colores y te pusieron al borde de la locura
-Ya ves. Bueno, hablemos de lo tuyo ¿Y cómo has pasado de Facebook a la cena de Fin de Año?
-Preguntando y atando extremos antes inconexos...
-Qué peligro

-Sí. Y ahora todos, nos juntamos mañana a cenar y a debatir. Espero que no sea un 'debate' como el de La Esteban y Peñafiel

-Yo también, pero cuando uno se reencuentra con ellos nunca se sabe
-Ya te digo, yo de momento prefiero no verlos ni en pintura
-Pues no pongas la tele...
-No si hablo de mis miedos
-Ah. Tú sabrás, pero juraría que yo no los busqué ni ellos volvieron a mí... me da a mí, que siempre hemos estado más unidos de lo que nos creíamos. Qué cabrones.

Se 'echaron' unas risas
después e improvisaron un brindis previo. Mañana será otro día, Pordoquier tiene los matasuegras preparados y muchos argumentos en la recámara para abandonar el escenario que ha preparado. Su mascota, la avestruz Camila Depaso, siempre le inspira.

Salud!

Comentarios

Juana ha dicho que…
A mi me gusta tomar café con mis monstruos, tienen mal aspecto, pero conviene sacarlos a que les de el aire, eso si, de uno en uno, que me agobio, algunos también se llaman de primero miedo, pero suelen tener apellidos "miedo a .... "
Justo ha dicho que…
A mí, una vez se me quedó un miedo atascado en la garganta y al final, menos mal, salió por peteneras... el muy flamenco. Desde entonces nos llevamos bastante bien y mañana ceno con él.

Fdo.: Justo Ahora
Anónimo ha dicho que…
Yo mañana ceno sin miedo, que parece que está muy solicitado.

Saludos cariñosos a Justo Ahora, me quedé con tu nombre y algo que también tenías atragantado una vez que apareciste por aquí. Que pases buena cena con y sin miedo!.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa