Ir al contenido principal

PERATA DEL VALLE CONSECUENCIA

Se llama Perata del Valle Consecuencia y es una pequeña localidad situada (según el gusto del navegador) entre Reikiavik y Alcobendas; o entre Empanada de Buho y Timbu. Apenas llega a los 18 habitantes, pero por estas fechas -como se suele decir- se peta; vamos que vuelve a casa por Navidad hasta ese que aparece en las frases hechas... El tal tato.

Perata es un pueblo tranquilo del que todo consecuente (gentilicio) emigra sabiendo que siempre hay reacción. En Nochebuena se reúnen todas las familias en torno a una mesa de madera de castaño poroso que construyó el tataranieto del fundador del Valle: Fausto Causa Gato Preto. Había sangre portuguesa, poco supersticiosa (a pesar de ese gato negro del apellido), en la saga. Y gracias a esa acción, más el respeto y cariño por el pueblo de todos, la consecuencia perdura.

Todos
-hasta el Tato- son más que felices, porque saben poner sobre la mesa (de forma tangible o cada uno para sus adentros) las consecuencias que tiene cada decisión que toman en sus vidas. Cada paso que dan, cada palabra que dicen, cada discusión que tienen, cada palabra que escriben, cada vez que van al baño... Y encima, también sobre la mesa, comparten un hecho: no por ser conscientes de las respuestas a sus actos, son menos espontáneos que los oriundos de Villaligera.

No es coña, es Perata del Valle Consecuencia. ¡Salud!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Esto me recuerda a una versión navideña del banco 54. La que le espera a esa bonita mesa, el peso de todas las decisiones (hasta las del Tato) sobre ella!. Menos mal que su condición de mesa de madera porosa le permitirá filtrar y dejar caer sin que nadie se de cuenta las consecuencias más pesadas. isa
La Zapateta ha dicho que…
A mi nunca me han gustado los poros consecuentes, y mucho menos las consecuencias porosas porque, no hay quien las extraiga. Recuerdo una profesora de matemáticas cuya nariz atesoraba un campo de profundos poros, vacíos de geometría y llenos de mala "leche". Consecuentemente, poroso os lo cuento.
Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Genial, es para contárselo a los niños como una fábula. ¿Y lo pillé a la primera!.
copifate ha dicho que…
He consultado Timbu y como su nombre casi indica es la capital de Bután y lo mejor es que allí se instalaron dos semáforos que fueron rechazados por la población y retirados... por ser muy impersonales!!!!!!
Eso es otra manera de ser consecuentes.

Entradas populares de este blog

El verbo y el tren coloquial

Estación de Atocha, Madrid. Enero 2016 Esperaba subirse a un verbo que le llevara lejos. Lejos del último adjetivo que le arrastró hasta el reverso del suelo que pisaba. La mente en blanco y un mapa por recomponer, una geografía por reubicar. La frase de su amiga fue letal. Cada letra iba cargada con verdades que ni él mismo había valorado. Las comas, las pausas, los silencios y lo malditos puntos suspensivos quemaban. Así esperaba ese vehículo redentor. Inquieto, teneroso, tembloroso, entusiasta del desaliento, sabedor de sus miserias, conocedor accidental de las verdades que le dan cuerpo a la mente... ...Y en su maleta tan sólo llevaba un verso contagioso que no escribió. Un texto que recibió por azar de un sueño a través de un diálogo que no sabe cómo empezó pero sí adónde le llevaba.  El murmullo del vagón susurraba desde el fondo del plano. Podía oler el reflejo de su escapada. Imaginaba una huída para empezar, no de cero, pero sí desde un quiebro de sí mismo. Enrai

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

En tela de juicio bajo tierra

Me echan monedas... ¡hasta billetes de 10 y 50€! Voy arreglado, sólo estoy algo mareado y sentado en el suelo del metro por no poder sostenerme en pie. Soy abogado , pero no puedo pararles y decirles que no necesito su dinero. No me sale la voz. Estoy preso  en este pasillo... Bloqueado, encerrado y cubierto por aquella tela de juicio que usaba mi padre para tejer el amor hacia mi madre, la gran fiscal en estado permanente (somos 15 hermanos). La superficie de mi maletín tumbado se ha deprimido por la gravedad del dinero... Y no para de hundirse. Yo, mientras tanto, sigo sin saber qué razón inmaterial me impide levantar la cabeza y erguirme como Dios siempre me indicó. Empiezo a detestar el sonido del dinero, la caridad... No puedo defenderme de este ataque absurdo. No sé si me miran mientras tiran su circulante. ¡Nos sabéis lo que llevo en el maletín, desgraciados, no lo sabéis! ¡Con estos papeles sabríais lo fácil que me resultaría hundir vuestros culos en la miseria. Por fin co