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Una mesa coja, sangre sexy y otras películas

Publicado en el blog de Cámara Abierta 2.0

Se llama José Antonio Pérez y tiene Un blog políticamente insurrecto… Vamos, como él. Mi Mesa cojea no deja indiferente a nadie; se comprueba fácilmente en el volumen y pasión de los comentarios. El Rey, ETA, Zapatero, Rosa Díez, Rajoy, Pepiño… son sus blancos favoritos. Y con él, con José A. Pérez (como le gusta firmar), abrimos el programa 177 de Cámara Abierta 2.0.

Después, visitamos el ‘plató’ videobloguero de Sara G: Sexxy Blood. Una actriz, maquilladora y guionista que practica con ingenio la interpretación en su propio escaparate. Un remanso de humor, terror y mucha sangre.

Siguiendo la estela del cine, corto… llegamos a un proyecto que nos ha llamado mucho la atención: Parallel Lines. Se trata de contar una historia con el siguiente texto: ¡Qué es esto! Es un unicornio. Nunca vi uno tan de cerca. Precioso. Fuera, fuera. Lo siento... Idea que surge de la campaña de Philips Carousel uno de los vídeos más vistos en Youtube de la temporada pasada... La sorpresa ha sido el éxito de The gift (Erik Rinsch), que ya tiene propuesta en firme para llevar el corto al cine.

En Intérnate: Reto 2030; la polémica en red de las pulseras de hologramas; el nacimiento de un nuevo medio online: Analítico.es; y la campaña de DDB para luchar en EEUU, contra el suicidio en los adolescentes; un niño con mucho oído y un ukelele.

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

El verbo y el tren coloquial

Estación de Atocha, Madrid. Enero 2016 Esperaba subirse a un verbo que le llevara lejos. Lejos del último adjetivo que le arrastró hasta el reverso del suelo que pisaba. La mente en blanco y un mapa por recomponer, una geografía por reubicar. La frase de su amiga fue letal. Cada letra iba cargada con verdades que ni él mismo había valorado. Las comas, las pausas, los silencios y lo malditos puntos suspensivos quemaban. Así esperaba ese vehículo redentor. Inquieto, teneroso, tembloroso, entusiasta del desaliento, sabedor de sus miserias, conocedor accidental de las verdades que le dan cuerpo a la mente... ...Y en su maleta tan sólo llevaba un verso contagioso que no escribió. Un texto que recibió por azar de un sueño a través de un diálogo que no sabe cómo empezó pero sí adónde le llevaba.  El murmullo del vagón susurraba desde el fondo del plano. Podía oler el reflejo de su escapada. Imaginaba una huída para empezar, no de cero, pero sí desde un quiebro de sí mismo. Enrai

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...