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¡FELIZ AÑO BLOGOSFÉRICO!

Se acabó… finito, 2008 ya es historia. Y aunque algún que otro cenizo augura la muerte de la blogosfera, este universo goza de una salud de hierro

A saber: Día del blog, Evento Blog , 233 Grados , Sin Futuro y Sin un duro , La retaguardia de Soitu.es , Ágora News , Periodismo Ciudadano, Los premios 20minutos , Los Bobs , la existencia y persistencia de este programa llamado Cámara Abierta 2.0… y tantos proyectos más con forma de bitácora son una muestra de que la blogosfera tiene aún muchas edades por atravesar.


Cada día surge una herramienta, una aplicación o un grupo a través de alguna de las redes sociales más punteras que engordan un poco más la retaguardia del mundo blog. Y es que este formato uno de los mejores aliados de la LIBRE EXPRESIÓN. Algunos le sacan partido empresarial gracias a esa disciplina conocida como Networking, otros lo usan como plataforma de salida para inquietudes personales, artísticas, políticas, deportivas (ya sea tirando de vídeo, texto, foto o todo junto)… y otros además los inflan a publicidad para sacarse unos ingresos extras. Y lo consiguen.


Algunos dicen que el blog huele a rancio… tiene gracia, ¿no? Más que nada porque no paran de emerger, por ejemplo, proyectos televisivos como Balzac TV o La Comuna TV (el fénix de Mobuzz); emisoras nativas digitales de radio como "Enredados"...


Otra cosa es la actualización. Palabras mayores que no todo bloguero que se precie cumple, pero sí muchos… con mucho que contar y tanto por compartir con el resto de los seres humanos (con un toque digital). La creatividad, la autenticidad, el periodismo… no tiene límites y el blog es un aliado extraordinario. Permaneced muy atentos al próximo programa (13 de enero) porque a este respecto… tenemos alguna novedad que comunicar.

Salud y bitácoras!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Después de un Boom viene un Puf, así que es normal que los blogs evolucionen, pero no que se mueran ;)

Espero que te guste Balzac.tv y gracias por la visita.

Besos.

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El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e