Ir al contenido principal

COTARRO, MARILUPA Y EL GEO-DRAG

Rodrigo Nada de Nada es detective privado, fue GEO en su día y a partir de las 12 se llama Vanessa. Su vida es un delirio, pero le llena. Eso me dice, vamos. Ahora se ha especializado en investigaciones por Internet. Usa un pseudónimo que no me deja revelar, como es obvio, y su teléfono no para de sonar. Es muy bueno y ha resuelto cientos de misterios. El último: “misión COTARRO ”, un caso con mucha miga y pocos amigos.

Antes de seguir, quiero aclarar lo de Vanessa. Es sencillo de explicar, ejerce con devoción como drag queen en locales de espectáculos de dudoso glamour. Ahora seguimos con “COTARRO”. Marilupa Herrería (70 años) le llamó alarmada por la desaparición de su vecina Circunstancia Pasión (72 años). Conoció a Rodrigo a través de la Rosa la de la floristería, que se las sabe todas.

Circunstancia bajó a comprar La Razón y no volvió a casa. Había quedado con Marilupa para tomarse el café y debatir sobre los 1o mejores momentos del año de periodismo ciudadano, a raíz del post escrito por Jacinto Lajas. Como no es normal que llegue tarde… se preocupó. Pasó una semana sin tener noticias de ella. Pero creyó encontrarla en una red social llamada FUENTE DE RÍOS. Parecida a Facebook, pero más sui géneris. Las dos solían meterse ahí y conectar con viejos amigos del pasado. Circunstancia no usaba su pseudónimo habitual, lo cambió por Maritrini Pica. Lo supo Marilupa por la forma en que ponía las comillas, dobles primero y sencilla después de la palabra en cuestión.

No entendía nada, pero la siguió, hasta que constató que era ella. Creyó recibir un mensaje cifrado: “Sólo te digo que a sabiendas lo sé, sin tenerlo presente ni claro’… Se asustó, pensó que estaba secuestrada. Fue cuando llamó a Rodrigo, quien se puso las pilas y no paró hasta resolver el caso. Sí, había sido secuestrada… ¿Pero por quién? Por ella misma. Leyó un titular que la asustó y se recluyó en la buhardilla de su difunto hijo.

Al parecer una voz interior, con ribetes divinos, le llevó a tomar la decisión. Tenía que desconectar por tiempo indefinido de su vida y esconderse de ésta. La hallaron en pijama y pantuflas, con la razón bajo el ratón y con 15 kilos menos. Rodrigo había conseguido convencerla haciéndose pasar por su voz interior en FUENTE DE RÍOS. Se la cameló, averiguó su paradero, cobró los honorarios de Marilupa y como eran las 23:30 fue a maquillarse para el baile de la noche en el Allá que voy yo que tu.

Comentarios

El Alde ha dicho que…
Vaya tela... lo polifacéticos que podemos llegar a ser. Me ha gustado.

Un saludo
Anónimo ha dicho que…
Dani, siempre interesante, pero ¡¡¡¡buenísimos estos dos últimos!!!! Buena literatura y tan a mano, qué bien.

Eva
Anónimo ha dicho que…
muy bueno, de aqui sale una historia... lo estoy viendo. Estaba ya enganchada... y va y se acaba

bss
mamen
Dani Seseña ha dicho que…
Vaya! Gracias Eva y Mamem. ¿Merecería la pena darle más vida a Rodrigo?
Dani Seseña ha dicho que…
Y por supuesto, gracias Alde por seguir ahí!

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza. El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- e