Ir al contenido principal

LA TABERNA LITERAL

Si entras en la Taberna Literal lo primero que te llama la atención es la carta, escrita a golpe de tiza sobre negro pizarra. Un elenco de buenos productos a base de: "El tiempo que quieras", "La justicia por su mano", "En serio", "Menos en serio", "Con calma", "Como suena", "De contacto", "Pan y moja", "Despacio", "La dirección equivocada", "La dirección correcta", "El mejor camino", "Una decisión"...

Mi amigo Mati Dospuertas Perdido y yo entramos por primera vez. Nos la había recomendado Paquete el tuerto, un vecino ido que controla mucho de restaurantes y garitos... diferentes. Salíamos de currar, ambos estábamos con las reservas al límite y a falta de un psicoanalista que nos aguantara la conversación, Mati y yo decidimos beber y compartir catarsis de fin de temporada.

Esta taberna tiene un algo terapéutico... Antes de pedir ya habíamos tomado "Algunas decisiones". Entonces, con gesto conciliador (y no menos redentor), nos atendió Sigfrido Tomavistas, el camarero.

¿Qué va a ser? Nos preguntó... y cuando llegó mi turno, dudé. Pero al final decidí tomármelo "Todo menos a pecho". Mi amigo Mati, sin embargo se decantó por no tomarse a sí mismo "Tan en serio". Brindamos, tomamos y acabamos riéndonos de la gilipollez propia y ajena. Es lo que hay.

Salud!

*El óleo: En la taberna (1965), de José Bardasano.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Claro, ahora entiendo esas desconcertantes cañas y tapas de ayer... Primero tomé la dirección equivocada y más tarde dos cosas al pie de la letra.
Juana ha dicho que…
El mejor camino es la risa, total ....... es lo que hay.
copifate ha dicho que…
Toma "Jeroma quesonpalatós": Va bien para volar veletas, reconocer vientos y reproducir notas afinadas. Por cierto, ahora que aún estamos a tiempo de "tomar" decisiones: La gente educada no habla de fútbol.
La Zapateta ha dicho que…
Es genial. Parece mentira que el ingenio pueda ir a sitios tan variados y con tanta frecuencia. ¡Toma post!

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

El verbo y el tren coloquial

Estación de Atocha, Madrid. Enero 2016 Esperaba subirse a un verbo que le llevara lejos. Lejos del último adjetivo que le arrastró hasta el reverso del suelo que pisaba. La mente en blanco y un mapa por recomponer, una geografía por reubicar. La frase de su amiga fue letal. Cada letra iba cargada con verdades que ni él mismo había valorado. Las comas, las pausas, los silencios y lo malditos puntos suspensivos quemaban. Así esperaba ese vehículo redentor. Inquieto, teneroso, tembloroso, entusiasta del desaliento, sabedor de sus miserias, conocedor accidental de las verdades que le dan cuerpo a la mente... ...Y en su maleta tan sólo llevaba un verso contagioso que no escribió. Un texto que recibió por azar de un sueño a través de un diálogo que no sabe cómo empezó pero sí adónde le llevaba.  El murmullo del vagón susurraba desde el fondo del plano. Podía oler el reflejo de su escapada. Imaginaba una huída para empezar, no de cero, pero sí desde un quiebro de sí mismo. Enrai

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...