Ir al contenido principal

ENTRE CARNE Y TIEMPOS

Por Fabio Carabeo
Nunca pensé que ocurriría, pero ha ocurrido. Nunca pensé que pudiera pasarme a mi y me ha pasado. Nunca pensé que eso que me contaban de algunos fuera a vivirlo yo. Nunca pensé... efectivamente, creo que nunca he pensado bien las cosas. El caso es que me encontraba en la carnicería esperando turno: el 92. Me puse a escribir en la Blackberry un posible post. Impensable hasta hace dos días. A escribirlo en el móvil, me refiero. Empecé y no paré hasta meterme tanto dentro de mi mismo que cuando volví al exterior el turno era para el 133.
El post va de esto y aquello. Pero sobre todo de pensar, como siempre, en el tiempo que pasa mientras por dentro, en algún rincón, sigue estancado; pues es mentira.

PD.: Y no va de nuevas tecnologías ni de móviles. Puede que sí de lo móvibles que somos en algún aspecto, que no en otro. Pero poco más.

Comentarios

copifate ha dicho que…
Como dice un fado popular, los que pasamos somos nosotros, el tiempo queda.
Anónimo ha dicho que…
Chapó, Copifate!

Th
Anónimo ha dicho que…
qué bueno copifate!
poco que añadir salvo que apetece leer ese post que dura 40 números de la carnicería y una mentira descubierta. isa
Juana ha dicho que…
El tiempo pasa .... o no, depende del cristal con que lo mires ..... o del rincón profundo en el que te ocultes ....
Deprisa ha dicho que…
El tiempo pasa... pasa de lo que opinemos nosotros, le da igual que estemos atentos al reloj o escondidos en algún rincón de nuestro interior. Él pasa, y sigue corriendo.

Entradas populares de este blog

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho. ...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena. Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acoj

Sin estridencias

En mitad de la carretera, a pie de asfalto... Ya no pincha, ni mucho menos corta. Pero toma postura y digiere  la curva peligrosa.