Ir al contenido principal

HIDRANTE… ROBERTO YA TIENE PIN

Ya os conté la historia, bajo mi filtro, de Roberto y Carmen en su encuentro particular con la obra del pegador freudiano. Entonces no os pude mostrar la imagen… pero mi buen amigo ha recuperado su pin, el puk y el móvil… Ahí está la foto. Pero la película no queda aquí… Roberto ha tenido el detalle de narrar lo sucedido, con su desenlace y enviármelo después. Tenéis “La Relectura” bajo estas líneas...

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Entrégate, le rezaba el inconsciente a Rober, con la cara de Freud poniéndo mayor énfasis a su deformada imaginación. Yo creo que fue Vodafone quien al cambiar el PIN antiguo por el nuevo, cambió el ENTRÉGATE por el HIDRANTE. Los cambios de PIN son saltos temporales que transforman agendas y con ellos, amigos del pasado que se quedan ahí, en el pasado...
Anónimo ha dicho que…
yo creo que por ahí van los tiros... y la banda ancha. En el espacio paralelo y no menos celular el juego entre el consciente y el inconsciente se revoluciona. ¡Qué Hidrante episodio!
Anónimo ha dicho que…
Y al final... Freud siempre sorprendiendo... ¿no sería que desde el más allá andaba trastocando las comunicaciones?... ya se sabe aquello que "lo que no nos mata, nos hidrata"
Un saludo enérgico... siempre.
Anónimo ha dicho que…
Siempre hidratándonos la sensibilidad sin perder la razón.

Un saludo, Sacra
Anónimo ha dicho que…
Ese puede que sea el mensaje del más allá!!!!! "EXISTE otro mecanismo de defensa propio de los tiempos que estais viviendo: reprimir, sublimar...negar... ¡¡¡No!!! hidrar".
Qué será la hidración?

Saludos
Eva

Entradas populares de este blog

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho. ...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena. Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acoj

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo.  En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos