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EL CRIMEN A DOS CALLES SIN PALOMAS

No le ha tocado la lotería, le acaban de pegar tres tiros en la cabeza por error. Le han confundido con un turco mafioso. Ahora Martínez contempla el escenario del crimen -a lo Ghost- desde la retaguardia de una cafetería cercana; donde tapoco ha caído el Gorgdo. No está preocupado ni agobiado, eso sí, mientras se come la porra mojada en vino siente que lleva un par de días sin ir al baño.

Dos calles más abajo Raimundo Remolón Cebollo da de comer a las pocas palomas que quedan en el barrio... El resto han sido devoradas por los clásicos halcones de ciudad emergente. Rai mantiene la tradición de alimentar a este tipo de aves mientras se comete un crimen, cada 22 diciembre, cerca de él. No tiene una agenda que le sople el homicidio navideño, se lo cuenta Eugenia Tórtola Amareto. La confidente. Entonces él se pone en acción.

Martínez va al baño, comprueba que hay papel, observa si la taza del váter está limpia y lo más importante: si la puerta no tiene huecos ni por arriba ni por... asomo y sí pestillo. Todo en orden. Cuando termina ve que la camarera ha puesto otra porra en un nuevo plato, junto a otro vaso de tinto. Pero su cadáver ya lo han retirado. Entonces le asalta la Soledad, la Sole, como la conocen en el mismo barrio. ¿No preferirías tomarte un "colacaíto"? No, gracias, Sole. Eres muy amable, pero acabo de palmar y el cuerpo me pide este mejunje.

Rai ha terminado de dar de comer a las palomas y entra en la cafetería. Se sienta con Martínez, le da una palmadita en el hombro y le dedica un cariñoso: ¡Qué putada lo tuyo, eh! Martínez, con la porra aún sin mojar en vino, contesta: Gracias, Rai. Nunca pensé que hablaríamos tu y yo. Pero bueno, es lo que hay.

Arriba, en la rotonda Gustavo, Adrián el cocinero habla con el turco mafioso, al que iban dedicados los tiros mortales. Le cuenta lo sucedido. El turco, con cargo de conciencia, le da el pésame a Martínez a través de un SMS directo a su cerebro de muerto. ¡Con Dios! Contesta Martínez mentalmente. Pero el turco sabe que tiene que sacrificarse. Su ley no contempla que pague un justo, Martínez, por pecador.

El turco va por la calle, cruza la rotonda Gustavo, se quita la cazadora, los pantalones y cuando ya está en pelotas se transforma en paloma. El final de esta historia llega cuando un halcón, llamado Tomás Galván y Dos Iglesias, se acerca por detrás y le da caza.

¡Salud!

Salta al segundo capítulo.

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* Me comenta Martínez en un email cerebral que Casimiro sigue a lo suyo en este espacio tridimensional.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Interesante relato. He visualizado perfectamente cómo le asaltaba la Soledad,o Sole. Maravilloso.

saludos
Anónimo ha dicho que…
El colacaito vale, que suelta el vientre. Pero las porras con estreñimiento....

Feliz Navidad

Julio
dsesena ha dicho que…
Igualmente, Julio. Y gracias por pasarte por aquí. Es que Martínez es un tipo especial... el estreñimiento lo cura con porras. En fin

Un abrazo
Anónimo ha dicho que…
Espero que continúe...

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