Ir al contenido principal

EL ÁNGEL CAÍDO Y OTRAS CIENCIAS

Fabio Carabeo

Paco y Mauricio tienen 17 años. Sus padres les han dado por imposibles. Estudian 1º de Ciencias del Mar y empollan juntos para no distraerse. Son unos filósofos de cojones. Tras reventar el silencio sepulcral de la biblioteca de Psicología (UCM) al cantar los Gooooooles del Galáctico Pegaso, se van a fumar un piti para hablar de tías.

A mí me ponen mucho más las dependientas de Zara. No tienes gusto, Paco, las de H&M están mucho más buenas. Y de las del Día qué me dices... Ya, pero tienen más clase las del Eroski. Anda ya… ¿Tú has visto cómo marcán almendrita las de Caprabo? Estás fatal, mucho mejor las controladoras del SER

Así se pasaron la tarde del sábado. El domingo quedaron para fumar canutos en el Retiro y disparar con “tirahuevos” caseros (con garbanzos crudos como proyectiles) a los peces del estanque –que no dorado-. De pronto el ángel caído (en la foto) se les acercó y dijo: tenéis que entrar en el MediaMarkt. Vais a flipar con las dependientas. Mauricio y Paco se miran y se parten de risa. ¡Estamos muy fumados! ¿Que no?

Hoy lunes tienen un examen de Introducción a la Oceanografía Física. Mucha suerte, maestros.

——

*La imagen pertenece a la galería de Alvy en Flickr.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa