Ir al contenido principal

MARIO REFLEJADO

Nadie sabía diagnosticar su enfermedad. Mario se recorrió las consultas y hospitales más prestigiosos de España y otros países. Comió macarrones y brócoli, mandarinas y lichis; tallarines y espinacas… Jugó a la petanca y al Cluedo. En fin, todo lo que el primer médico al que visitó le había prescrito para salir adelante. Pero nada. La oreja derecha no volvía a su posición original. La tenía completamente doblada.

La vendedora de billetes de metro le recomendó que hiciera de nuevo la colección de cromos de Willy Fogg o la de Sport Billy. Además le invitó a pensar en el porqué de su empeño a los 14 años de hacerse con las Converse Maverik . La de Sport Billy ya la había completado en su día, pero lo de Willy Fogg era otro capítulo. Le faltó un cromo para terminarla. En cuanto a las Maverick, había mucho donde indagar.

Se las pidió a su padre en su cumpleaños de 1985, costaban unas 30.000 pesetas. Su padre, conocido como Don Cosme, tenía dos opciones: darle una bofetada por la estupidez y capricho del niño (muy influido por el pijerío del entorno colegial) o buscar el lado didáctico. Optó por la segunda; no falto de improvisación. Le puso el dinero en la mano y le dijo, muy serio: Yo no te las compro, hazlo tú.

Mario se vio con aquel pastizal en una nube. Lo pesó, tocó cada billete, los pasó de uno en uno… Había de mil, de cien, de quinientas y un par de cinco mil. Gracias papá. Se fue a la tienda y se compró unas Nike que costaban unas.000 y el resto del dinero lo ahorró. ¡Cómo me voy a gastar todo esto en una zapatillas, estamos locos! Ese día aprendió algo.

Hoy ha comido un churro, una pera y se ha aplicado dos gotas de esencia de árbol de té en el dedo meñique derecho. Al parecer está mejor. Recordar le viene bien. Su madre le ha regalado un cuadro que ha pintado ella misma; un universo lleno de motivos escolares abstractos. Él sabe que la enfermedad ya no existe, pero queda el reflejo, que no es fácil de enterrar. La oreja hace mucho que recobró su posición normal.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
"Recordar le viene bien" Siempre viene bien. Es curioso, me ha recordado...
¿Qué reflejo queda de POSTDATA?
Feliz cumpleaños!!
dsesena ha dicho que…
Lo mejor de los reflejos (siempre a la vista pero no siempre visibles) es que nos permiten mirar a la cara a los errores y aprender. Pero a un niño no se le puede exigir que resuelva si no sabe cómo ha llegado a fabricar el nudo. Y lo bueno es que al final llega el desenlace. Gracias por la felicitación.
Anónimo ha dicho que…
Capitán Garfio

Felicidades,es tu cumple??
si lo es ? y que cumplas,muchos,más
feliz cumpleaños Daniel,te echaba de menos. Saludos.
dsesena ha dicho que…
Fue ayer, Capi. Perdona por no haberte contestado desde hace tiempo; pero que sepas que soy tan fiel a tus comentarios como tu a mis entradas. Por cierto, ya me habría gustado estar en un concierto de Decibelios, o de Seguridad Social en la época del Comerranas... pero claro, estaba jugando con los juguetes de Rico por entonces. Salud!
Anónimo ha dicho que…
Capitán Garfio

Me alegro de volverte a oir,felicidades,aunque sea un dia tarde,si lo hubiera sabido,te habria felicitado antes,pero me lo apunto,para que la proxima vez,no me pase.
Por aquella epoca,vi muchos conciertos,incluso llegamos a tocar de teloneros con Loquillo y Seguridad Social,cuando empezaban a sonar con el "comerranas".Entonces mi mundillo,era ese,conciertos en directo de los cuales podria contarte muchas anecdotas.Saludos y ya te digo que es un placer escucharte.
Anónimo ha dicho que…
La Zapateta dice:

Parece que ha sido tu cumpleaños. MUCHAS FELICIDADES!!!!

Y, bravo por el post. Es de lo mejor que he leído en mucho tiempo (en este formato, claro).
TREBOLTENERIFE ha dicho que…
Que casualidad,yo tengo 2 pares de Maverick de esas,soy coleccionista de zapatillas de los años 80 y son las mas dificiles de conseguir...saludos!

Entradas populares de este blog

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho. ...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena. Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acoj

Entrada nueva

Pulsó en "Entrada nueva" para escribir su próximo post, se abrió una puerta y subió a una sala donde le esperaba parte de sí mismo. Allí, para el bien y el sentido común, había montada una mesa llena de aperitivos soñados, vino en prosa y recortes de historias que nunca han sido contadas. Se sentía relajado, cómplice de la ironía que le hacía cosquillas entre una oreja y la palabra; como aquella vez que olvidó su contraseña y tuvo que aceptarse fuera de su perfil. Era una especie de resignación y victoria a la vez. Una batalla ganada a la necesidad de "tener que". Una sonrisa no forzosa acompañaba mejor al vino que corría por su garganta. Era la alegría de saber y de saberse. Y todo esto ocurría gracias a la decisión de salir de aquella entrada que nunca llevaba a nada y que aparentaba dar acceso a todo.  En aquella sala también había un árbol y un mapa. Eran una misma cosa. Unidos por un link de invierno que llevó su sentido al verano. Él dialogó con muchos