Ir al contenido principal

EL PHOSKITO PROSCRITO

Román le recuerda a Mateo que fue en el verano del 87 cuando vieron -al aire libre- El Gendarme (Jean Giraltt, 1964) de Louis de Funes. No parecía una experiencia que, a priori, marcara pero ahí está Román recordándoselo a Mateo. No nos reíamos de la peli, ni de los aspavientos del actor, no podíamos parar porque nos habíamos fumado 4 porros en menos de una hora.

Al final, Mateo cae y empieza a reír. Pero de pronto le cambia la cara. Parece que ha recordado algo que no estaba en los planes. Se va empalideciendo. ¿Qué pasa, Mateo? Nada, es... es... es la muerte. ¿Cómo? Joder, no me acordaba ¿De qué? De que fue horrible, tio. ¿Pero el qué? Pues, Román, que esa noche acabé muy mal. Sí, la verdad es que ibas con un buen pedo. Nos ha jodido, con todo lo que habías metido en los canutos... Pues bien que me animabas a cargarlos.

Esa noche Mateo la cena de Mateo había consistido en 2 gofres y 5 Phoskitos (regalos y pastelitos). Los gofres los compró en el puesto de "El Bizcocho" y los Phoskitos en el Kiosko "Antoñito"... situado en un paseo que apunta a Marruecos, pero que mira a Europa. Quedó con Román más tarde, directamente en el cine de verano.

El desenlace os lo podéis imaginar. La combinación de hachís en altas dosis con bollería industrial recalcitrada bañada en chupitos de tequila entre gag y gag de Funes... Mateo casi no podía ni meter la llave en la cerradura. Se tumbó en la cama, su hermano Martín estaba durmiendo, y se puso a vomitar a lo bestia. Han pasado más de 20 años y no ha vuelto a comer ni un gofre.

Mete el DVD de El Gendarme, que le ha regalado Román por su cumpleaños, siguen recordando y riendo. ¡Felicidades, Mateo!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Capitán Garfio
He pillado muchas,muchas cogorzas,pero no he llegado nunca hasta ese extremo.
Ahora con dos cervezas,ya pillo como decia Juan Echanove,un pedete lucido.
Un saludo.
Anónimo ha dicho que…
Capitán Garfio
Será la edad.
Yo que me he bebido...hasta el alcohol de curar.
(Juan Echanove en "turno de oficio").
Anónimo ha dicho que…
Capitán Garfio
Bueno...si me acuerdo de una que me sacaron a rastras de una discoteca,en una entrega de trofeos de un campeonato local,de fútbito.La cosa sucedió así:
Empezaba a hacer mis pinitos con los porros,(hachís),yo era un principiante...peso mosca o pulga,y me junté con un primo y un amigo suyo de división de honor,(en cuanto a lo de fumeta).Haciéndome pasar por lo que no era,les seguí el rollo,peta por aquí,peta por allá,y lo pagué,vamos que si lo pagué...
cuando noté que no podia más y me quedaban las fuerzas justas para llegar al servicio,me encaminé como pude,logrando llegar water y como si fuera un amigo queridísimo al que no habia visto desde hacia muchísimo tiempo,me abracé sin soltarlo...potando todo lo que llevaba dentro,de ese día,el de antes y cuatro dias anteriores.
Seguiré,os lo prometo
Un saludo.

Entradas populares de este blog

El Cerrojo

Abrí para pedir un café, pero una mirada (que vale 1.000 vocablos) me cerró la puerta. Esperé a que pestañeara, pero solo un párpado estaba por la labor de ceder. El otro protegía -con todo- el ojo avizor. Saqué una llave en son de paz. Dio un golpe en la mesa como respuesta. Intenté darle mi brazo al torcer. Sacó un as. Yo pinté bastos. “El cerrojo, aunque no lo creas lo llevas tú”, me dijo en tono conclusivo. Cuando miré mis manos para intentar descifrar sus palabras la camarera me sirvió un café. No entendí mucho lo sucedido, y menos cuando me giré hacia la puerta nadie miraba. Solo quedaba la mirilla, hidroalcohol y una propina. 

Idas y venidas por una mala salida

 Viéndolas venir me dieron en toda la cara. Una a una, las idas y venidas de años anteriores (y una del que entra) fueron golpeándome repetidamente hasta que pronuncié la palabra requerida: "Perdón". Las idas reclamaban un sitio concreto al que llegar; las venidas, más dimensiones. La correspondiente a 2021 era ida y estaba algo más perdida. Lo más difícil para mí fue darme cuenta de que tenía la responsabilidad de ubicarlas. Lo supe por una mala salida de otra persona hacia mí. Ésta, la mala salida, me advirtió -poco antes de abofetearme por izquierda y derecha con la mano abierta- de que debía organizarlas. ¿Cómo? pregunté. Viéndolas venir, exclamó. Así que tras pedir disculpas y tomar la firme decisión de implicarme en la búsqueda de lugares y dimensiones, todo empieza. A ver...

Las palabras se las lleva Twitter

Apenas estaba digiriendo una información -con alta carga de valor- cuando un tuit la bajó de golpe muro abajo. Intenté seguirla, pero no paraba de caer al foso; y durante el imparable descenso iba olvidando el cuerpo de la noticia que me había llamado la atención. Finalmente renuncié y volví a lo más alto del muro de nuevo, con la esperanza de leer algo interesante, entonces un hilo que sostenía al texto en extinción entró en escena. Intenté seguirlo pero poco duró su vigencia. Una vez más la gravedad de las redes sociales impuso su fuerza.  El volumen de la ansiedad de la masa social por publicar, por ser viral, por conseguir apoyo de followers, ¡por ser!, por estar, por pintar, pesa y ocupa tanto que la palabra apenas puede sostenerse. De hecho acabo de perder el hilo que me trajo hasta este texto. ¿Habré incorporado la misma gravedad y procesado de ideas? Es posible, porque ya se me está haciendo largo y empiezo a sentir ansiedad por publicarlo y que funcione por sí solo. Pesa