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JAPÓN SORIANO: ESCOMBRO Y DISFRAZ

Reconozco que antes miraba con lástima a las personas que hurgan en las basuras o en los contenedores; donde buscan indultar algún objeto desechado por otros. Ahora también, pero menos. No metí la mano, ni revolví, pero no pude resistir la tentación de hacer una foto a este que veis. Que en cierto modo es como remover. Puede que sienta empatía por habitar profesionalmente en Tras La2 (conocido como el contenedor cultural, tecnológico y de tendencias de TVE); pero lo que realmente me motivó fue ese sombrero de bruja/o que algún día formó parte del disfraz estrella de un niño/a.


¿Por qué? Ni idea. Me recordó una anécdota de mi amigo Japón Soriano. Decía que nunca le ha gustado disfrazarse. Quizá porque la única vez que lo hizo en su vida fue con 13 años… y fue un fracaso. Acababa de ver La invasión de los Zombies Atómicos (Umberto Lenzi, 1980), una película de serie B tirando a Z titulada originalmente Incubo Sulla Città Contaminata. De pequeño le encantaba lo macabro, los vampiros, las momias y… los muertos vivientes (ahora ha sublimado y disfruta –sobre todo- con Bergman y Truffaut). Así que decidió ataviarse con la indumentaria apropiada. Se pintó la cara con sangre y tonos negros… Y se llevó un palo (tipo bate de béisbol) para acrecentar el horror en los demás.

Salió de casa, emocionado, pensando que asustaría a todo el mundo… Se currado cada detalle: el pelo con cocacola para darle más toque de locura al tema, incluso había roto la camiseta con el fin de ganar en autenticidad; por supuesto no faltaron las manchas rojas a base de rotulador Edding. Llegó al colegio, algunos le miraban, otros ni se enteraban de su presencia. La primera fase estaba conseguida, nadie lo reconocía… Ahora faltaba que alguien valorase el terror de sus intenciones.

Pero todo se torció… Entró a su clase y Juaquinete (el idiota de turno) le dijo: ¿de qué vas disfrazado, de Troll? Japón estaba muy bien educado y el respeto lo llevaba tan adherido como las pinturas a la cara; así que no pudo decirle lo que se le pasó por la cabeza, es decir: ¡Tu puta madre! Es lo que me habría salido de no ser por el desánimo que le invadió de golpe. Se fue a casa y no se volvió a disfrazar en su vida. Al menos explícitamente.

“¿Un troll? Me cago en Juaquinete”, concluyó. Y añadió: “No sé si aprendí algo, pero me alegra entender a la gente que busca en los contenedores. Es más, creo que todos deberíamos remover más entre los elementos desechados”. Mi amigo Japón, es un crak.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
La Zapateta dice:

Todos tenemos un juaquinete en los pies que nos hace superarnos día a día y aprender que no somos tan listos, ni guapos, ni originales, ni simpáticos como nos hacía creer nuestra madre, y, a veces, nuestro padre. Sin embargo, es bueno cultivar nuestra diferencia en el seno de una comunidad. Ni más, ni menos. ¡Ánimo, Japón!

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