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ROMERO EL CERRAJERO

No hace falta fijarse mucho para darse cuenta de que la calle está llena de pegatinas de cerrajeros. Los bajos de las puertas metálicas, las cajas de luz y agua, las farolas, verjas, frentes humanas, suelas de zapatos... Cualquier superficie, con sentido, es válida para anunciar un servicio que siempre parece pertanecer al mismo establecimiento. Lo que jamás había visto es cerrajería y romero brotar en un mismo sentido.

La foto la hice ayer por la mañana. Había pasado por delante cientos de veces, pero nunca me había fijado en la composición. Es normal, porque es la primera vez que ando por esa calle (una cualquiera) de Norte a Sur; y no en sentido austral o diapasónico. Así es la vida y el misterio de las perspectivas. Ahora que veo el romero sin necesidad de llamar al 'abrepuertas', miro y comprendo que entrar es cuestión de salir de la burbuja que nos rodea desde enanos.

La llave es nuestra, pero muchos no la quieren sin querer y se la ceden etermamente a un sereno que ni han elegido ni saben de qué va, pero lo llevan de fábrica -como decía líneas más arriba- desde enanos. Si no lo entiendes, llama a Romero el cerrajero... Él responde, pero antes tienes que contestar a su santo y seña: ¡¡Si me queréi', irse!!

Salud!

Comentarios

Miguel Ángel Pegarz ha dicho que…
Tiene que ser realmente bueno! A ti te ha abierto la puerta al romero y sin tan siquiera llamarle!!

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